sirena

¿Tonadas malditas? ¿Hipnóticos cantos? ¿Qué pecado nos condena? Si estudias la historia, no encontrarás pruebas. A pesar de ello, nunca se contempló un final feliz para nosotras. Nadie nos diseñó una escapatoria. Nos robaron la posibilidad de huir, también la de quedarnos (1).

Si no respetábamos las normas, se nos condenaba. También si vendíamos nuestra voz. ¿Por qué no hubo condiciones? ¿Tenía moraleja el cuento? Para las de nuestra condición, todas las normas de la narrativa se subvirtieron. 

Por ser bellas supusieron que además éramos peligrosas. El relato mitológico alimentó una leyenda que trajo poco beneficio y sí, a nuestras sucesivas vidas, desdichas y miserias. La soberana Circe, por pluma de Homero, dejó dicho que las sirenas, con nuestro canto, hechizamos "a todos los hombres que se acercan a ellas". Y lo hacemos, además, sentadas en un prado rodeadas de "un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca" (2).

Pero es bien sabido que un hechizo es algo artificioso y fingido. Nos disfrazamos para sobrevivir. Y lo hacemos con los trucos y los trajes que diseñáis para nosotras. No está en nuestra naturaleza el engañar. Pobres de nosotras. Solo queremos cantar. Cantar y comer. Si es que mentimos, es por algo a cambio. Ese embuste y su beneficio, ambos, nos salen bien caros. Y a los que lo dejaron dicho, de ocasión, pues juegan siempre con buena mano.

Algunos, si no lo ven, no lo creen. Otros, si lo ven, lo creen. Pero lo cierto es que la verdad se destapa ante el mundo y otras, sencillamente, se oculta. ¿Quién sabe lo que hubiera sucedido si Odiseo cediese ante la voz de nuestra tribu? Nunca lo sabremos. Tampoco conoceremos lo que sucedió con Butes, el Argonauta que se tiró al mar al oír el canto seductor, pues por Afrodita fue salvado (2). ¿Os dáis cuenta? Ni una sola prueba en nuestra contra. De una posibilidad, toda una maldición eterna. 

Les contaron que escuchar nuestra voz conducía sin escapatoria a la muerte. Lo creyeron. Entonces, sobre ese rumor, argüyeron toda una malvada venganza. Podría caber el lugar a la duda. También de nuestra parte a la suya. Aceptar su credulidad. Pero extraña. Que alguien llame tan férreamente al orden, sin haber hecho previas indagaciones, levanta, cuanto menos, sospechas.

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"Para comportarse de forma al mismo tiempo sexista y racista y además mantener el privilegio de clase que se posee, solo hace falta actuar como requieren las costumbres, la normalidad, el día a día, incluso la buena educación. No obstante, dudo mucho de que cualquiera que se comporte de ese modo ignore por completo que algo no va bien" - 'Cómo acabar con la escritura de las mujeres', Joana Russ

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1. 'La sirenita', Hans Christian Andersen

2. 'La Odisea' - CANTO XII. 'Las sirenas Escila y Caribdis. La Isla del Sol. Ogigia', Homero