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Imagen vía ONU MUJERES

Derechos de cuidadanía

Seguridad Social, modificar la ley de Extranjería y políticas públicas que regulen el mercado son las principales demandas de las trabajadoras del hogar y las cuidadoras.

La situación de alarma provocada por la covid ha puesto de manifiesto otra crisis latente, hasta ahora invisible para gran parte de la población: la de los cuidados. Vivimos en un sistema que pone en el centro las demandas del mercado y que para sobrevivir, necesita un trabajo infravalorado, pero esencial para sostener la vida. Según ‘Tiempo para el cuidado’, informe publicado en enero de este año por Oxfam Intermón, “Las mujeres realizan más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado, y constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidados remunerado”.

Las cuidadoras

La crisis ha tenido un incidencia fuerte en la carga de las trabajadoras de las residencias de mayores, de la atención domiciliaria y de los hospitales. Según datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al último trimestre de 2019, en el sector del trabajo doméstico un 86,4% de las personas trabajadoras son mujeres. Por otro lado, como cuenta a 20 minutos la antropóloga y ecofeminista Yayo Herrero, “es importante recordar todo ese conjunto formado mayoritariamente por mujeres que denominamos ‘amas de casa’. No podemos olvidar que el grueso del abordaje de la crisis del coronavirus se ha hecho dentro de las casas. La mayor parte de la gente que ha enfermado no ha requerido hospitalización y ha tenido que ser cuidada en sus propios hogares”.

Los derechos

A pesar de que el trabajo de los cuidados está calificado como esencial, los derechos reconocidos de muchas de sus empleadas son prácticamente nulos. “El empleo doméstico es el único sector laboral excluido del estatuto de los trabajadores. No hay derecho al desempleo, tampoco hay inspecciones en los hogares, las compañeras están excluidas de la ley de riesgos laborales, no se cotiza por salarios reales y sigue sin reconocerse un convenio colectivo”, señala Pepa Torres, portavoz de la asociación Senda de Cuidados. Condiciones que hacen del gremio uno de los más vulnerables. “Es necesaria la integración en el régimen general de la seguridad social de las personas cuidadoras remuneradas, así como poner medidas de control e inspección de la informalidad en el empleo. Por otra parte, además de asegurar una renta vital básica, hay que garantizar derechos para el futuro, como las pensiones”, añade Yayo Herrero.

El subsidio

Ante la crisis sanitaria, el Consejo de Ministros aprobó un subsidio extraordinario para las empleadas del hogar que se hubieran quedado sin trabajo de manera total o parcial. Unas medidas que están previstas solo mientras dure el estado de alarma, por lo que las trabajadoras domésticas continúan exigiendo la ratificación del Convenio 189 de la OIT pues, como apunta Pepa Torres, “el subsidio deja fuera a muchas empleadas sin papeles y a otras tantas sin contrato”. En este contexto, la Ley de Extranjería se sitúa en el centro de sus reivindicaciones. “Más de la mitad de las empleadas del hogar son migrantes, y muchas de ellas sin papeles”, añade.

La privatización

También señala Torres que las privatizaciones, especialmente en las residencias de ancianos, “se han revelado como un gran fracaso. Las consecuencias son el riesgo de las personas más vulnerables, por eso es necesario exigir políticas públicas que regulen el mercado. No puede caer en manos de las empresas privadas que solamente piensan en el lucro, pues la dignidad de los cuidados y de las personas que cuidan, pasa a un segundo término”.

Las otras políticas

Yayo Herrero apunta, además, hacia otras ‘políticas transversales’, a primera vista desconectadas del problema de los cuidados, como son “las de vivienda, de regulación urbana o de transporte. Y otras más obvias son las laborales o las fiscales, pues garantizar los derechos de las personas trabajadoras supone incrementar las partidas destinadas al cuidado de mayores, a la ayuda a domicilio, la teleasistencia y el refuerzo de las plantillas de servicio de atención en residencias. Cabe mencionar también las de la España vaciada, ya que las regiones rurales, al verse despobladas, ven la garantía de recibir cuidados o de poder cuidar muy vulnerada”.

Los valores

Para Pepa Torres uno de los principales aprendizajes que podemos obtener de esta crisis “es el valor de los cuidados, de los doméstico y de la vida en situaciones de mayor vulnerabilidad, como son la de nuestros mayores. Debemos exigir trabajos dignos, como nosotras los llamamos, ‘derechos de cuidadanía’, y que no pueden estar sometidos al valor del mercado”. La clave, como dice Yayo Herrero, “es colocar los cuidados como un principio orientador de toda la política”.