escribir

No quiero engañarte. Prometí ser tu guía en el viaje, pero me encuentro sumida en las sombras. No sé cómo salir del encierro. Deseo teclear el camino del que te hablé. Sin embargo, no creo que pueda. Decía Virginia Woolf que hay que escribir, incluso en la oscuridad, el anonimato o la pobreza. Pero ¿qué sentido tiene querer narrar y no pretenderlo al mismo tiempo? Quizá busco regresar de mi propio destierro. Deseo aliviar la pena, pero no poder suavizarla es todavía más doloroso y, sin embargo, no contemplo la posibilidad de abandonar el empeño. Imagino que descansé en la fantasía de ejercer la magia a través de las palabras.

Ahora estoy aprisionada entre cuatro esquinas, cuatro paredes que querría ensanchar a golpe de sílabas rimadas. Crear una habitación de la que no haga falta salir y donde cobre vida el misterio. El castillo del alma, como el de santa Teresa, hecho de fino diamante, lleno de aposentos y un sinfín de recovecos. Y una vez creado el laberinto, te invitaría a recorrerlo. Sería un salto al vacío, hasta llegar a ese lugar tan lejano y sagrado que todas las personas llevamos dentro.

Lo sé, sigo sin ser clara, escondida tras mis sombras. Pero si me das algo de tiempo, puedo enseñarte a manipular los símbolos. Lo decía Deleuze: desear es soñar con desplegar ante el otro tu propio paisaje. Déjame extenderte un nuevo orden. Creer es crear. Yo deposito mis creencias en ti. Créame tú a mí en un mundo nuevo.  Eres mi deseo.