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Lucía Loren o cómo entretejer la vida a la tierra
Para la artista, el paisaje es un lienzo en el que literalmente cose sus deseos: alimentos básicos, dignidad para la vida humana y cuidados universalizados. 

Lucía Loren practica la magia tal y como se entendía antes de que nuestra civilización la desterrara: cultivando la facultad de la imaginación, el arte de cambiar la consciencia a voluntad, para tejer las fuerzas invisibles y dotarlas de nuevas formas. Y lo hace dando puntadas, a la nieve o a la cumbre de una montaña, pero también a través de las palabras. Crear tetas de sal, interrogantes incendiados o matrices de agua son sus rituales para despertar a las fuerzas ocultas de la tierra.

¿Cómo es educar la vida desde la vida?
La educación es un ámbito de aprendizaje imprescindible en la actual situación de crisis civilizatoria, que reclama un compromiso pleno del sistema educativo formal y no formal. Tanto para alentar un cambio de paradigma que transforme la deriva climática, como para desarrollar las diversas competencias que serán necesarias en este panorama de incertidumbre (creatividad, solidaridad, apoyo mutuo, liderazgo centrado en la tierra…)

El verdadero aprendizaje de éxito es el que coloca el papel de la sostenibilidad de la vida en el centro, es decir el que comparte y aplica conocimientos básicos para que la vida sea posible.

María Novo, titular de la Cátedra UNESCO de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible, lo define con estos parámetros: «educar ambientalmente es educar para un pensamiento complejo que no simplifique falsamente lo que nació entretejido: la vida, el mundo natural, nuestras sociedades» (García, s.f., pár. 13).

¿Qué conclusiones podemos sacar de la situación que el coronavirus nos ha traído?
La actual situación de crisis sanitaria generada por el Covid 19, nos está dejando claro cuales son las verdaderas necesidades para la subsistencia del ser humano: los cuidados universalizados, los alimentos básicos y la dignidad para la vida humana. No sería lógico renunciar a todo lo que impide conseguir en las diversas sociedades estos aspectos básicos, para asegurar la vida del resto de los seres vivos. ¿O nos seguimos creyendo que podemos vivir ajenos al resto de la vida en nuestro hermoso planeta?

¿De qué manera estamos interconectados los seres vivos?
Somos seres interdependientes, existimos gracias a la red de interconexiones que hacen posible la vida, y los seres humanos, como parte de este gran sistema, también estamos interconectados con el resto de las existencias. 

Por otro lado, los seres humanos nos conectamos entre nosotros a partir del sentimiento de comunidad, que también se genera a partir de la interdependencia que nos ayuda a crear la realidad en la que vivimos de manera colectiva. Por eso, en las zonas rurales, ha existido siempre un profundo sentido de comunidad, no solo por la necesidad de sobrevivir, sino para alcanzar el “buen vivir” sintiéndonos respaldados por una comunidad de la que somos parte.

Uno de los grandes desafíos de nuestra era será crear comunidades sustentables, y para ello no podemos dejar de revisar y actualizar los sistemas comunales que han existido hasta hace poco en cualquier comunidad rural, con una visión sistémica y holística que rompe con la individualidad de la sociedad industrializada. 
 
Creo que desde el arte, se pueden impulsar propuestas integradoras, enlazando los procesos de creación, los relatos colectivos, la custodia del territorio y la creación de tejido social. Este contexto de intercambio de experiencias y conocimientos se convierte en un entorno de aprendizaje significativo, abriendo nuevas vías de comunicación a nivel social y emocional, y generando estrategias de representación que nos ayudan a comprender la red de interconexiones sobre las que se sostiene la vida.
 
La instalación ‘Matriz de Agua’ era como un símbolo del órgano sexual femenino. ¿En qué sentido se relacionan una y otra?
Esta instalación esta formada por varias piezas tejidas en mimbre con forma de embudo o matriz. Estas formas aluden a la matriz, el vaso hermético del alquimista, un lugar de transformación donde se unen los opuestos: tierra y agua, muerte y renacimiento. Los embudos tejidos de mimbre captan la humedad del agua del rocío entre su trama, ofreciéndosela a la tierra al amanecer. Esta pieza se inspira en una poesía de Albert Szent Gyorgi “El agua es el alma madre de la vida y la matriz, no hay vida sin agua”. La matriz también es el símbolo del órgano sexual femenino, espacio tejido para acoger los frutos, vientre contenedor de las cosechas recién recogidas.
"Estas formas aluden a la matriz, el vaso hermético del alquimista, un lugar de transformación donde se unen los opuestos: tierra y agua, muerte y renacimiento."
 
También en ‘Madre Sal’ hacías una metáfora del cuerpo femenino, de la Terra Mater. ¿Cómo es esa analogía?
En la intervención de Madre Sal, unos pechos tallados en roca de sal son semienterrados en una pradera, mientras se registra con fotos y vídeo como los animales herbívoros del lugar transforman su superficie al lamerlos. Estos seres vivos actúan como catalizadores en un proceso de transformación de los elementos minerales de la sal en materia orgánica, que es devuelta a la tierra en un movimiento cíclico. 

La elección a la hora de utilizar el cuerpo femenino esta más vinculada con mi propia biografía, que con una visión esencialista que relaciona el cuerpo de la mujer con el paisaje. Como señalaba antes, me interesa señalarnos como seres vinculados a nuestro entorno, “somos naturaleza”. Pero esta narrativa, la lanzo desde un cuerpo y una vivencia cultural como mujer, y para mí esto es importante, porque la visión hegemónica del cuerpo de la mujer hasta este momento había sido generalizada bajo una mirada masculina. En la representación de estos pechos de sal sembrados en la pradera, la visión del cuerpo femenino sexualizada y objetualizada, se transforma en una narración en la que el cuerpo se posiciona como parte activa y transformadora del propio paisaje, activando relaciones de intercambio con los otros seres vivos.
 
¿Por qué la cultura vive de espaldas a la naturaleza? ¿Alguna razón para hacer de estos conceptos algo contrapuestos?
Creo que sería importante desdibujar esa barrera impuesta entre los conceptos de natural y cultural que se ha establecido como un mantra por diversas corrientes de pensamiento, y que han supuesto una vía de ruptura no solo con el paisaje, sino con lo que realmente somos y necesitamos. Somos naturaleza, nuestro cuerpo es naturaleza y formamos parte de este entramado de vida.

La única razón que encuentro para perpetuar esta separación entre lo natural y lo cultural, es perpetuar modos de vida que nos alejan de nuestras verdaderas necesidades como seres vivos, para entrar dentro de un sistema alienante de consumo y necesidades innecesarias.
 
La caléndula, la lavanda y el fuego protagonizaron ‘Biodivers’, una intervención en la que involucraste a la comunidad. ¿Qué sucede cuando trabajas en una experiencia compartida?
El trabajo colaborativo invita de manera natural a la transformación, porque se enfatiza el proceso de escucha para crear desde las capacidades de las personas que forman parte de ese equipo. Hoy en día hemos perdido esta capacidad de conectar con las sinergias de lo colectivo en pro de una individualidad que nos debilita como seres vivos, perdemos resiliencia. Cuando invito al público a participar en acciones colectivas creativas, generalmente vinculadas con ritos de renovación agrarios (celebraciones de cambio de estación), siembras colectivas… se reactiva en los participantes el empoderamiento, la fuerza y la alegría que nos genera la sensación de sentirnos parte de un todo con lo que podemos colaborar y crecer. 

Es significativo el limitado espacio del “hacer colectivo” que tiene la sociedad actual, y cómo estos espacios se vinculan casi siempre con actividades de ocio dirigidas, pasivas y con coste. El cambio de paradigma hacia una sociedad más sostenible solo será posible desde lo colectivo, por lo que es importante activar espacios del “hacer colectivo” creativos.
 
Coses cimas, coses nieve. ¿Cuál es su simbología?
El cosido se ha asociado culturalmente a una actividad femenina, desarrollada frecuentemente en la intimidad del hogar y con una intencionalidad decorativa.  Estas acciones “Coser la cima” o “Coser la nieve” proponen una revisión de este  imaginario, llevando la acción al territorio de lo público, reflexionan sobre la propia acción de bordar, el propio concepto de “feminidad” e imaginando una relación más estrecha y comprometida con nuestro entorno.

Los procesos de reparación, son una herramienta narrativa para visibilizar una manera de relacionarse con el paisaje que se inspira en la colaboración y el apoyo mutuo. La grieta, la herida, el vacío, o el hueco, son espacios de oportunidad y renovación, son espacios para una nueva comunicación. Esa comunicación respetuosa es la que sustenta sobre una ética del cuidado, que entiende el mundo como una red de relaciones, una teoría que desde el feminismo, cuestiona las bases irresponsables y egoístas de una sociedad capitalista.
 
Con ‘Artesanía de un surco’ ponías de manifiesto las “heridas abiertas en la superficie de la tierra” y en ‘Ciclo Seco’ reflexionabas sobre el deterioro de su cubierta vegetal. ¿Podemos deshacer parte del daño que le hemos hecho al planeta?
Todas estas interacciones generan narrativas en torno al suelo, la piel del paisaje, la corteza que nos protege, nos sustenta y nos sujeta a la vida. Esta piel, biológicamente activa, es un espacio de interconexión de diversas expresiones de vida, en la que conviven el lecho rocoso, hongos, bacterias, hermandades de organismos beneficiosos junto con la comunidad vegetal y animal de la superficie. El cuidado del suelo es una de las claves fundamentales para aminorar los efectos negativos del cambio climático. Los suelos cumplen la función vital de ser los segundos sumideros de CO2, después de los océanos. Por esto me apasiona todo lo que sucede en torno a él.  Existen muchas prácticas que mantienen los suelos fértiles ricos en materias orgánicas como la agroecología, la agricultura de conservación y la agro-silvicultura. Claro que podemos deshacer parte del daño que le hemos hecho al planeta,. Esta decisión está, entre otras cosas, en la nevera de cada una de nosotras, en lo que decidamos consumir y también en lo que dejemos de consumir. Para ello, sería fundamental un cambio radical a nivel global, esto debemos de exigirles a nuestros sistemas políticos, pero mientras, tenemos que hacer un esfuerzo transformando nuestros hábitos de consumo.

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Para KALON