myspace

Seguimos al conejo blanco, como Alicia, como Neo. Señuelo hacia un nuevo mundo, de fantasía o realidad: el de la red. En nuestro caso no fue con el fin de hacernos despertar o generarnos conciencia, sino, más bien, como un disfraz para las nuevas cadenas. Grilletes hechos de irresistibles zanahorias, confitadas. Y qué curioso, también confinadas, conectadas, atadas a la máquina, desde nuestras propias estancias.

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"El ciberespacio es la matriz, ya no como consecuencia, ni como vacío, ni como totalidad del útero... sino tal vez como el lugar de afirmación de la mujer. No la afirmación de su propio pasado patriarcal, sino lo que es en un futuro que todavía no ha llegado, pero que ya se puede sentir"

 'Los telares futuros: Tejedoras y cibernética' (Sadie Plant, 1995) (1)

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Como una mezcla del ensayo de Woolf (2) y del de Zafra (3): habitaciones propias en las que disponer del tiempo y la libertad para crear. Crear sin fin, para colmar, si acaso, una satisfacción ajena, mediocre y efímera, como un modo de subsistencia. Todo precario, al límite. Feminizado. La cocina de los contenidos -contar historias-, se arrincona en el espacio de lo doméstico vinculado por tradición con el prosumo, lo inestable, lo apurado.

No siempre lo vivimos de esa manera. En los orígenes de lo ciber confiamos en posibles futuros reformulados, donde los códigos del dominio serían borrados, desaparecerían las estrucutras de poder y se terminarían por deshacer las jerarquías. Internet y las máquinas ayudarían a la revolución feminista. Ante el nuevo terreno virgen, podríamos reinventarnos, construir una identidad nueva, libre de mandatos tiranos. Nada más lejos.

Imaginamos una identidad más allá del cuerpo , de los estereotipos, pero con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que la exposición era la vía más efectiva y que las caras manipuladas, en el jpg o en la propia carne, a golpe de filtro o de bisturí, contarían con la auténtica supremacía.

Repetición y réplica. Terminamos de nuevo dando más por menos. Pero sin ir de víctimas. Sabedoras, eso sí. Conocederas. Conseguimos descrifrar el código de lo simbólico, pero no desactivarlo. El patriarcado y el capital alejan del núcleo de poder, del conocimiento y de la producción tecnológica a las mujeres.

También, por qué no, encontramos una gran fuerza colectiva. #8M #METOO #FREETHENIPPLE... y todo ese manto de conocimiento que entre unas y otras hemos urdido a base de Ceros+Unos, para rescatar nuestra historia oculta, silenciada. Nos toca seguir cosiendo esa colcha cargada de memoria, como en el mito de Helena. Y aunque no podamos escapar de Matrix, cual máquinas-tejedoras, no paramos de darle a la rueca.

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1. En 'Ciberfeminismo: de VNS Matrix a Laboria Cunis', antología editada por Teresa López Pellisa y Remedios Zafra (Holobionte, 2020)

2. 'Una habitación propia', Virginia Woolf (1929)

3. 'El entusiasmo: precariedad y trabajo creativo en la era digital', Remedios Zafra (Anagrama, 2018)