zanahoria 2

Adoramos a las diosas. Bellas, hacedoras, poderosas. Continuamente se desvelan. Y sin duda lo hacen por la recompensa. Nosotras también queremos. Soñamos con seducir al régimen y, realizada la trampa, vivir de nuestro arte. Hacernos a nosotras mismas, ser tiranas de nosotras mismas. Que nadie nos discipline. Nos sobra con nuestro autocrontol, nuestro autogobierno. 

No nos importaría poner la cara, la voz, el cuerpo, la experiencia o el pensamiento. Aunque ello nos suponga ser altavoz de un sistema corrupto. Lo legitimaremos. Apostaremos por el individualismo. No es problema. Tras nuestra estela dejaremos "al resto". Queremos entrar en el Olimpo y tener huerta propia. Lo intentaremos. Podremos maquillarnos como puertas, mover el culo o recitar ligeras de ropa. Y a pesar de ello, no habrá peligro.

Si queremos podemos. 'Just Do It'. "Si eres real, las cosas siempre vendrán a ti", rezaba Rosalía en uno de sus tuits. Y nos ponemos a ello. A ser nosotras mismas según dicta el mercado. Disparamos, tecleamos, prosumimos. Nos ataviamos, nos producimos, nos proyectamos. Unas más que otras. Depende del miedo, de los complejos o del pudor. Pero sobre todo del tiempo. Del tiempo y de otras cosas que no nombraremos. A unas porque ya se lo dieron todo hecho. A otras porque no tienen nada |nada que perder|. Y luego están las mediocres. Sin espacios, sin pausas, sin hueco para los deseos. 

¿Y si no lo logramos? Será nuestra culpa, nuestro fracaso. Un problema íntimo y personal que, a diferencia del éxito, lidiaremos en secreto. Entonces pensaremos en lo de los méritos y las cuotas. En la hormiga y la cigarra. En las quimeras, la tierra de las oportunidades y las zanahorias. 

()

"Y muerta yacerás, y no habrá un día ni un recuerdo de ti ni nunca ya más tarde: porque no participas de las rosas de Pieria; más, invisible incluso en la mansión de Hades, irás errante entre apagados muertos, caída de tu vuelo" -Safo

()

De nuevo chapotearemos en el fango. Odiaremos ese mundo al que quisimos acceder y al que no nos dejaron entrar. ¿Sacaremos la recortada? No. Miraremos atrás, a "las otras". Y nos daremos cuenta de que en esa miseria existe una fortaleza que no supimos ver, de la que renegamos, y que, comprendido su valor, ahora queremos conquistar. Invocamos a las muertas, las maestras, las valientes, las ancestras. Ya no queremos un chalet, ni siquiera un jardín, ni un piso o un balcón. Tan solo un cubículo que sea nuestro. Y de esas otras cosas con las que poder comprar la vida buena y de las que no queríamos hablar, seguiremos sin nombrarlas. Pues al saberlas imposibles, ya no las soñaremos.

Vendrá el tiempo de las utopías, de la fuerza colectiva, sin jerarquías. Las mujeres burguesas no silenciarán a campesinas y artesanas. No se subirán a sus hombres para darle una nueva embestida a ese techo cristalino que las separa de las clases altas. Descansaremos. Sabremos que no es cuestión de voluntad, ni de insistencia, cambiar las cosas malas de este sistema. Descansaremos, por fin, en un mundo imaginado habitado por las mujeres-cyborg del futuro, libres del relato original único.